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Tratamiento y equilibrio del agua de la piscina

Medimos y corregimos el cloro, el pH y la alcalinidad del agua de la piscina para que quede transparente, sana y sin olor fuerte.

Qué resuelve este trabajo

Casi todos los problemas de una piscina son problemas de agua mal equilibrada. El agua verde, la turbia, la que irrita los ojos y la que huele fuerte a cloro son todas consecuencias de lo mismo, valores fuera de rango.

Y acá hay algo que sorprende a mucha gente. El olor fuerte a cloro no significa que haya mucho cloro, significa casi siempre lo contrario. Ese olor viene de las cloraminas, que es cloro ya gastado peleando con la suciedad. Cuando el agua está bien tratada, el cloro no se huele.

Lo mismo con el pH. Si está alto, el cloro pierde eficacia y aparece el sarro. Si está bajo, el agua se vuelve agresiva, irrita la piel y los ojos y ataca el revestimiento y las partes metálicas del equipo. Se puede cargar todo el cloro del mundo y no servir de nada si el pH está en el lugar equivocado.

Cómo lo hacemos

Empezamos midiendo, nunca cargando producto. Controlamos el cloro libre, el pH y la alcalinidad total, porque los tres se mueven juntos y corregir uno sin mirar los otros dos no funciona.

El primer ajuste es siempre el pH, que conviene dejar entre 7,2 y 7,6. Ahí el cloro rinde, el agua no irrita y el revestimiento no sufre. La alcalinidad se trabaja en el mismo paso, porque es la que sostiene el pH y evita que se mueva de golpe con cada lluvia o cada carga de gente.

Con el pH en su lugar vamos al cloro, calculado sobre el volumen real de la piscina y no a ojo. Si el agua está verde o muy cargada, en lugar de una dosis de rutina hacemos un tratamiento de choque, que es una carga alta y puntual para quemar toda la materia orgánica de una vez, siempre acompañada de cepillado y de filtrado prolongado.

Al terminar volvemos a medir y te dejamos los valores anotados, junto con la indicación de cuánto esperar antes de usar la piscina si hubo un tratamiento fuerte.

Cada cuánto conviene

El control va en cada visita. En el medio, si querés, se puede medir con un kit casero, que es barato y simple de usar. Te mostramos cómo leerlo.

Los valores se mueven más rápido de lo que uno espera. Un día de mucho calor, una lluvia fuerte o una tarde con varias personas en el agua alcanzan para sacar el cloro de rango. Por eso conviene medir seguido y corregir de poco, en lugar de esperar a que el agua cambie de color.

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