La respuesta corta es una vez por semana en temporada. La respuesta útil es un poco más larga, porque no todas las tareas van con la misma frecuencia y porque el clima de Mendoza mete sus propias reglas.
Lo que el clima de acá cambia
Una piscina en Mendoza no se ensucia como una piscina en la costa. Hay tres factores locales que mandan.
El viento es el primero. Levanta tierra y polvo fino, y ese polvo entra al agua, se asienta en el fondo y forma esa capa que opaca todo. Después de un día de viento fuerte, una piscina que estaba impecable aparece con el fondo gris.
El sol es el segundo. La radiación acá es alta y el cloro se degrada con la luz. En pleno enero, el cloro que cargaste puede estar casi consumido a los dos días, no por suciedad sino por el sol.
Los álamos son el tercero. Están en todas partes en la zona y tiran material gran parte del año, hojas en otoño y esas semillas blancas a fines de primavera que flotan, se meten en el skimmer y tapan todo.
Cada día o cada dos días
La red de superficie. Es la tarea más simple y la que más rinde, porque toda hoja que se saca flotando es una hoja que no se hunde, no se deshace y no mancha el fondo. Son cinco minutos.
Si tenés árboles cerca, sumale una mirada al cesto del skimmer. Cuando se llena, el filtrado pierde fuerza y el agua empieza a circular mal sin que se note a simple vista.
Una vez por semana
Acá va el bloque principal, y es el que hacemos en cada visita de mantenimiento.
- Cepillado de paredes, escalones y esquinas
- Aspiración del fondo
- Medición y corrección de pH y cloro
- Control de la presión del filtro
- Vaciado de los cestos
El orden no es casual. Se cepilla antes de aspirar, porque lo que se desprende de la pared cae al fondo. Y se corrige el pH antes de cargar cloro, porque con el pH fuera de rango el cloro rinde mucho menos.
En enero y febrero, con calor fuerte o con la piscina muy usada, puede convenir pasar a dos visitas por semana. No tanto por la suciedad sino por el agua, que se mueve más rápido de lo que uno espera.
Cuando el filtro lo pide
La limpieza del filtro no va por calendario, va por presión. Cuando el manómetro sube bastante por encima del valor que marca con el filtro limpio, es el momento.
En temporada eso suele caer cada una o dos semanas. También hay que hacerlo después de cada aspiración fuerte y después de cualquier tratamiento de agua verde, porque esos trabajos cargan el filtro de golpe.
Si el filtro se tapa muy rápido después de haberlo lavado, el problema ya no es la suciedad, es la carga filtrante. La arena se compacta con los años y llega un punto en que deja de filtrar aunque se lave.
Dos veces por año
La apertura y el cierre, y son las dos visitas que más definen el resto del año.
La apertura conviene adelantarla. Si la piscina se abre unas semanas antes del primer calor fuerte, hay margen para recuperar el agua con tranquilidad y para resolver cualquier sorpresa del equipo. Si se abre el mismo día que se quiere usar, casi nunca llega.
El cierre es el que más se saltea y el que más caro sale saltear. Una piscina que se cierra limpia, con el agua equilibrada y con tratamiento preventivo, llega a la primavera clara. Una que se cierra sucia llega con alga instalada, y recuperarla cuesta varias veces lo que hubiera costado cerrarla bien.
Lo que pasa cuando se estira la frecuencia
Una semana de más no se nota. Dos ya se ven en el agua. A la tercera aparece el alga en las paredes, y ahí el trabajo cambia de categoría, porque ya no alcanza con la rutina y hay que hacer un tratamiento fuerte con cepillado, choque de cloro y filtrado de muchas horas.
Esa es la cuenta que conviene mirar. Mantener es barato y previsible. Recuperar es caro, lleva varios días y nunca cae en un momento conveniente.
Si querés que lo veamos sobre tu piscina, contanos la medida, cuántos árboles tenés cerca y cómo está el agua hoy.