El cierre es el trabajo más subestimado del año. Como la piscina deja de usarse, es fácil pensar que no necesita nada hasta la primavera. Después, en noviembre, aparece la cuenta.
Estos son los cinco errores que vemos cada vez que abrimos una piscina que pasó mal el invierno.
Cerrar la piscina sucia
Es el más común y el más caro. Se tapa la piscina como está, con hojas en el fondo y las paredes sin cepillar.
Toda esa materia orgánica se queda seis meses adentro, alimentando al alga en un agua quieta y sin cloro. No importa cuánto producto se haya tirado antes, si el fondo tiene hojas el tratamiento preventivo no alcanza.
El cierre se hace sobre una piscina limpia. Red, aspirado y cepillado de paredes antes de cualquier otra cosa. Eso es lo que define el estado en que la vas a encontrar en primavera.
Dejar el agua sin equilibrar
Un agua quieta no es un agua inofensiva. Si el pH queda bajo, el agua se vuelve agresiva y ataca el revestimiento y las partes metálicas del equipo durante meses. Si queda alto, deposita sarro en las paredes y en la línea de flote, y en primavera aparece esa costra blanca que cuesta sacar.
Antes de cerrar, el pH y la alcalinidad tienen que quedar en rango, y conviene aplicar un tratamiento preventivo contra alga, que es lo que trabaja durante los meses sin filtrado.
No proteger el equipo de las heladas
Acá en San Martín las heladas son reales y el agua que queda adentro de la bomba y del filtro se puede congelar. Cuando se congela se expande, y una carcasa partida es un gasto que no estaba en los planes de nadie.
Lo que hay que drenar se drena, y lo que queda expuesto se protege. Es media hora de trabajo contra el costo de reemplazar un equipo.
Vaciar la piscina por completo
Parece la solución más limpia y es una de las decisiones más riesgosas. Una piscina vacía pierde el peso del agua que la sostiene, y la presión del suelo desde afuera puede fisurar el vaso o incluso levantarlo si la napa está alta. En piscinas de fibra o con lona, además, la estructura queda expuesta al sol y al frío sin nada que la proteja.
Salvo que haya un trabajo de reparación o de pintura que lo exija, la piscina pasa el invierno con agua. Tratada y tapada, pero con agua.
Tapar la piscina de cualquier manera
Una cobertura floja se hunde en el centro, junta agua de lluvia y acumula peso hasta que cede. Y lo que juntó arriba termina adentro.
Tiene que quedar tensada, con los puntos de sujeción firmes, y conviene revisarla después de los primeros vientos fuertes. Si hay árboles cerca, una trampa de hojas suma mucho, porque retiene en seco lo que de otro modo se hunde y mancha el fondo.
Y un detalle del final. La cobertura se guarda limpia y seca. Guardarla húmeda y sucia es la forma más rápida de tener que comprar otra.
La cuenta del invierno
Cerrar bien lleva una visita. Recuperar una piscina que pasó mal el invierno lleva varios días de trabajo, más producto, más limpiezas de filtro y, en los casos peores, renovar el agua completa.
Es la diferencia entre abrir la temporada en una visita y pasarse las primeras semanas del verano peleando con el agua.
Si querés que nos encarguemos del cierre, contanos la medida de la piscina y si tenés árboles cerca, y coordinamos la visita.